En los últimos años, nuestra sociedad ha estado viviendo situaciones totalmente aberrantes en cuanto al desempeño de quienes ostentan en poder polÃtico y se denominan autoridades civiles, personajes que sin escrúpulo alguno se han enriquecido con todo tipo de delitos, permitidos entre la clase polÃtica, motivo por el cual la mayor parte de estas acciones permanece y permanecerá en la total impunidad, siempre y cuando los involucrados “se pongan la del puebla” con sus cuates y superiores.
Para los habitantes de toda la geografÃa nacional esta situación ya es tan común, al grado de que ser polÃtico, en nuestra sociedad es sinónimo de bandido con autoridad, concepto manifestado en el dicho popular “el que no tranza, no avanza”, asà como en la frase célebre del difunto Carlos Hank González, “un polÃtico pobre, es un pobre polÃtico”, frase que se ha convertido en un paradigma en la práctica cotidiana de quienes detentan en poder en el gobierno.
Muestras de esta triste realidad de nuestra sociedad, existen al por mayor, casi todos los funcionarios públicos siguen al pie de la letra de máxima de Hank González, mientras que la ignorancia del pueblo, promovida desde el poder, mantiene a la sociedad indolente ante el descaro ilimitado y ofensivo de los saqueos permanentes que realizan estos personajes, al grado de que mientras las afectaciones que provocan a la sociedad para satisfacer sus ambiciones personales sea a las arcas gubernamentales, la población no expresa inconformidad alguna, lo mismo sucede cuando la afectación de estos bandidos es contra una persona en particular, evento que genera comentarios de indignación más ninguna acción para apoyar al o los afectados, puesto que el modelo educativo promovido por este sistema adoctrina a la población para evitar interferir en asuntos ajenos, lo cual es una barrera elaborada por estos sinvergüenzas para asà evitar ser linchados por sus abusos y deshonestidades.
En nuestro Cancún acabamos de pasar por un caso muy particular que demuestra lo expresado, un caso de despojo realizado por el hoy reo Gregorio Sánchez MartÃnez en perjuicio del señor Miguel Gillén Zapata, empresario de la construcción, quien es propietario del terreno ubicado entre las avenidas Nichupté y Tecnológico, en el que Sánchez MartÃnez, mediante un prestanombres, realizó durante más de dos años, ferias populares patrocinadas por el gobierno municipal, el cual pagó las obras de relleno y electrificación de dicho terreno, asà como el uso de energÃa eléctrica la cual era suministrada por la lÃnea del alumbrado público; es decir, no sólo le estaban robando a Miguel Guillén su terreno, sino también a nosotros los ciudadanos que con nuestros impuestos pagamos el alumbrado público ya que debemos de recordar que en las ferias que organizó el prestanombres de Gregorio Sánchez, siempre se cobró la entrada.
Pero la cosa no para ahÃ, mientras la sociedad se divertÃa con el negocio delincuencial de Gregorio Sánchez y sus asociados, la familia del despojado tuvo que soportar la presión que este mafioso ex presidente municipal ejercÃa para seguir explotando un terreno que no era de ellos, situación que se nunca se mencionó durante la estancia de Sánchez MartÃnez en Cancún y que hasta el dÃa en que el señor Guillén recupero su terreno mediante una orden del juzgado cuarto de distrito, ninguna autoridad opino sobre el caso, es más, el dÃa de la recuperación del terreno, por parte de su legal y legÃtimo propietario, elementos de la Dirección de Seguridad Pública Municipal, intentaron evitar el ingreso del propietario al terreno al presentarse un contingente de policÃas fuertemente armados en lo que fue un acto intimidatorio que no surtió efecto gracias a la orden judicial y la razón que esgrimió el señor Miguel Gillén.
Ante esta ilegalidad cometida por el entonces presidente municipal, haciendo uso de la fuerza pública para despojar de una propiedad privada, adquirida legalmente por su propietario, nadie de la sociedad y mucho menos los funcionarios públicos, apoyaron la defensa del afectado, situación que nos demuestra que mientras nuestra sociedad se mantenga en la individualidad egoÃsta, los gobernantes nos seguirán robando a manos llenas y sin lÃmite.
ES CUANTO
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